Seguramente anhelas experimentar una confianza en Dios que no admita dudas, pero a veces es difícil entender qué significa realmente vivir por fe en el día a día. El problema es que solemos definir la fe por lo que sentimos, cuando la clave está en mirar lo que nos enseña la Biblia y el ejemplo de Jesús. En este artículo aprenderás cómo funcionaba la fe de Jesús, de qué manera se alineó con las Escrituras para ver el poder de Dios y cómo puedes aplicar esos mismos principios en tu diario caminar.
1. ¿Qué es la Fe Según la Biblia?
Para comprender la fe de Jesús, primero debemos ir a la definición que nos brinda la Palabra de Dios en Hebreos 11:1:
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.
Los pilares de la fe bíblica se componen de elementos muy claros que rigen nuestra vida:
Se define como un conocimiento claro y seguro que no admite duda. Funciona de forma similar a las ciencias exactas como las matemáticas; sabemos que el resultado siempre será exacto.
No se trata de una espera de tiempo. La verdadera espera se enfoca en la finalidad, el propósito y el logro.
Es el conocimiento de algo que rige tu vida y te lleva a tomar decisiones radicales, sin importar las circunstancias visibles a tu alrededor.
Dios como el origen y modelo de la fe
La fe empieza por Dios. Al principio de la creación, Dios hizo de lo que no existía todo lo que hoy nosotros vemos, por ejemplo cuando dijo “sea la luz y fue la luz”. Él es el creador absoluto que, de la nada, diseñó el universo porque Dios es un Dios de fe.
Bajo este mismo diseño, la Biblia nos enseña que tener fe también es llamar las cosas que no son como si fuesen, un principio poderoso que aplicamos al hablar y confesar confiando plenamente en el poder, la grandeza y la misericordia de Dios.
“…El cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” — Romanos 4:17.
En la Biblia encontramos testimonios donde vemos que la fe no depende de las habilidades humanas, sino de los recursos inagotables de Dios:
- Dios creó todo el universo visible a partir de lo que no se veía.
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.
- Le creyó a Dios sobre una catástrofe climática en una época donde nunca antes había llovido sobre la tierra. Construyó el arca por pura obediencia.
“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase…”.
Hizo milagros nunca antes vistos, como convertir el agua en sangre, sostenido únicamente en la palabra de Dios y no en experiencias previas.
“Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó… y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre”.
La fe de Jesús estaba estrictamente basada en las Escrituras. La Biblia nos enseña que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17). Cuando Jesús le cree al Padre a través de Su Palabra, no cuestiona jamás lo que Él ha dicho, sino que camina con la seguridad de que se va a cumplir.
El Empoderamiento en Nazaret
Aunque toda su vida fue perfecta, su ministerio estuvo fundamentado por completo en las Escrituras. A los 30 años, Jesús entró en la sinagoga y buscó exactamente el libro del profeta Isaías. Al leer el capítulo 61, marcó el inicio de su ministerio diciendo de forma contundente: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.
Jesús no realizó milagros en sus primeros 30 años; su ministerio comenzó ese día, todo lo que Jesús hizo, lo ejecutó basado en la profecía del libro de Isaías cuando se empoderó por fe de esa palabra profética.
Lucas 4:17-21
“Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.
Jesús Hablando con Fe Acerca de Sí Mismo
A partir de ese momento, Cristo comenzó a predicar el Evangelio, que era hablar de sí mismo, porque Jesús es el Evangelio en persona. Él hacía invitación a que vinieran a él, garantizando resultados a quienes creyeran:
- Ríos de agua viva: “El que tenga sed, venga a mí y beba…” asegurando que de su interior correrían ríos de agua viva.
- Descanso real: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados…” ofreciendo alivio para el alma.
- El Pan del Cielo: “Yo soy el pan que descendió del cielo; el que come de mí, no tendrá hambre jamás”.
Manifestación de Milagros en su Ministerio
Jesús no se quedó estático: salió a hacer la obra, creyendo a Dios que había sido ungido para eso. Su fe desató milagros que sirvieron como evidencias claras de que Él era el Mesías:
- Buenas nuevas y sanidad interior: Predicó y sanó a los quebrantados de corazón, rompiendo la esclavitud del pecado para darnos vida en abundancia y vida eterna.
- Liberación de los cautivos: Expulsó demonios y libertó a personas atormentadas, siendo el primero en la Biblia en manifestar esta autoridad.
- Vista a los ciegos: Abrió los ojos de los ciegos de nacimiento. Esta era la señal profética definitiva para que el pueblo reconociera al verdadero Cristo.
“Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” — Juan 3:2 (Nicodemo).
La gente se asombraba porque sabían que Jesús nunca había estudiado en las escuelas rabínicas; sin embargo, reconocían que el poder de Dios respaldaba cada una de sus palabras. ¡Ese es la confianza que hoy estamos llamadas a imitar!
Como hijas de Dios, estamos llamadas a caminar como Jesús lo hizo. En los evangelios, Jesús nos enseña:
1. Pon tu fe únicamente en Dios:
Nuestra confianza debe estar depositada de forma exclusiva en Dios, y no en ninguna otra persona, circunstancia o recurso humano.
“Tened fe en Dios” — Marcos 11:22.
2. Imita los testimonios del pasado:
Si Dios abrió un camino o sanó un cuerpo una vez, Él lo puede volver a hacer hoy. Jesús transformó el agua en vino recordando el poder que Dios ya había mostrado a través de Moisés.
“...El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” — Juan 14:12.
3. Usa palabras que reflejan autoridad:
La confianza de Jesús se manifestaba directamente a través de lo que decía. Cuando les dijo a sus discípulos "Pasemos al otro lado" (Marcos 4:35), era una orden de fe terminada. Aunque se levantó una tempestad terrible en el mar de Galilea, la palabra ya había determinado el destino final con éxito.
La fe es poder ver más allá, no confiando en nuestros conocimientos o habilidades, sino en los recursos de Dios. Te basta la seguridad absoluta de que Dios actuará por puro amor hacia ti, descansando únicamente en la fidelidad de su Palabra.
Hoy podemos aprender de Jesús que fue una persona de fe, caminando en la seguridad absoluta de que lo que Dios le había dicho se iba a cumplir. Él nos demostró que la confianza no depende de nuestras fuerzas, sino de Aquel que nos sostiene.
¡Dios te bendiga!
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