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¿Qué pide Dios de nosotros?

Siempre estamos a la espera de recibir algo de Dios, y esto no es incorrecto, pues a Él le agrada que le pidamos y dependamos de Él. Sin embargo, ¿te has preguntado alguna vez qué es lo que Dios espera de nosotros?

En el libro de Miqueas 6:6-8, encontramos una respuesta clara a esta inquietud:

 ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?  Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:6-8

Hoy nos enfocaremos en la misericordia, un aspecto fundamental de la vida cristiana y una de las virtudes que más agrada a Dios.

¿Qué es la misericordia?

Etimológicamente, la palabra proviene de las raíces miseria y cardia (corazón). Se define como un sentimiento de compasión y simpatía ante el sufrimiento ajeno; es una disposición del corazón que lleva a la acción para ayudar al prójimo.

La misericordia como mandato

Más que una opción, la misericordia es un mandamiento. En Lucas 6:36, Jesús nos insta a seguir el ejemplo del Padre: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso”.

Pero, ¿Cómo podemos ponerla en práctica? En Mateo 25:31-46, Jesús menciona seis actos concretos de misericordia que podemos hacer con las personas:

Ayudar al prójimo lo debemos hacer de corazón como para el Señor (Colosenses 3:23-24) y no para los hombres, y aunque estas obras traen recompensa (Mateo 5:7), nuestra motivación principal no debe ser el beneficio personal, sino el amor a Dios y al prójimo.

 En la vida de Jesús vemos ejemplo de estos actos de misericordia, alimentando a las personas, sanando a los enfermos, librándonos de la muerte, entre otros.

La Misericordia de Dios Padre

La misericordia primeramente se muestra en Dios, al perdonar nuestros pecados y ayudarnos a regresar para morar en su presencia, pues Él conoce nuestras debilidades y pecados. Después de que Adán pecó, Dios hace la promesa de enviar al Salvador del mundo (Jesús, la simiente de la mujer).

Dios dice que la paga del pecado es la muerte. La muerte significa separación y tiene tres connotaciones diferentes:

  • La muerte espiritual, fue la muerte inicial que entró en Adán, el hombre se alejó de Dios porque el pecado causa separación entre Dios y el hombre, Dios no se separa del hombre, sino el hombre se separa de Dios.
  • Luego viene, la muerte física. Adán Vivió 930 años y murió.
  • Y luego viene la muerte perpetua que es ser echado un día en el infierno.

La misericordia de Dios se manifiesta en que no envía a Adán inmediatamente al infierno, sino que le permite, le da la oportunidad, de que se arrepienta y se convierta de su pecado para que no vaya al infierno, porque Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9).

Entonces Dios Cubre el Pecado, sacrificó animales inocentes para hacer túnicas de pieles y cubrir la desnudez de Adán y Eva, evitando la muerte inmediata y apuntando a Jesús como el Cordero de Dios.

El buen samaritano, reflejo de Jesús

Cuando a Jesús le preguntan acerca de cómo heredar la vida eterna y de quien es el prójimo, él cuenta una historia donde ilustra la misericordia:

Un hombre, asaltado y herido, fue dejado medio muerto en el camino (50% muerto, 50% vivo).

Un sacerdote (ministro de Dios) y un levita (líder que ayuda en la iglesia), pasaron de largo sin ayudar al herido.

Un samaritano sintió compasión, curó las heridas del hombre con vino y aceite, lo montó en su cabalgadura, lo llevó a un hostal, y pagó al mesonero para que lo cuidara hasta su regreso.

Jesús y multitud

Jesús no estaba diciendo que a través de las obras y los actos de misericordia se puede llegar a ser salvos (pues fue esta la pregunta inicial).

En esta historia más allá de la enseñanza acerca de ayudar al prójimo, nos hace una comparación de Jesús el Buen Samaritano, que vino a rescatar a la humanidad que está “muerta en delitos y pecados” (50 % muerta -50 % viva), dándonos la salvación. Y, de hecho, Jesús era samaritano pues tenía sangre judía y gentil, por lo tanto, puede salvar a judíos y a gentiles.

La mayor misericordia de Jesús es nuestra vida, su obra redentora no solo recupera la comunión con el Padre, sino que somos bendecidos en todas las áreas de nuestra vida como: no ganarnos el pan con el sudor de la frente, la sanidad de nuestros cuerpos, las mujeres dar a luz sin los dolores del parto (solo las contracciones), entre otras que tenemos por medio de Jesús, pero si no somos salvos, lo hemos perdido todo.

Aunque las obras de misericordia son importantes, la única manera de ser salvos es conociendo a Jesús. En la siguiente nota estudiaremos un poco más en detalle la misericordia de Dios y Jesús para nosotros.

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¡Dios te bendiga!

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