Por: Ruth L. Dulcey M.
¿Alguna vez, o quizá muchas veces, has sentido que has dado lo mejor de ti en tu trabajo, que te has esforzado, has cumplido con tus responsabilidades y has entregado todo lo que está a tu alcance, pero aun así sientes que tus jefes no valoran tu esfuerzo?
Es una situación que puede generar frustración, tristeza y desánimo. Cuando sentimos que nuestro trabajo no es reconocido, podemos llegar a pensar: «Ya no quiero trabajar más», «¿Para qué me esfuerzo si nadie lo valora?» o incluso decidir que vamos a dar menos de lo que realmente podemos dar.
Sin embargo, no permitas que ese sentimiento se transforme en depresión, rabia, desconsuelo o desmotivación. Tampoco permitas que te lleve a disminuir tu esfuerzo o a dejar de hacer las cosas con responsabilidad. Por el contrario, es importante poner esta situación, como todas las circunstancias de nuestra vida, en las manos de Dios.
Recuerda que Dios conoce tu esfuerzo y ve aquello que muchas veces los demás no pueden ver. Él también conoce las situaciones injustas y las necesidades que enfrentas. Por eso, cuando sientas que tu trabajo no está siendo valorado, puedes acudir a Él en oración y confiar en que hará justicia y sostendrá tu camino.
- «Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo». Salmos 55:22
- «He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos». Santiago 5:4
Pon tu situación en las manos de Dios
Si colocas esta situación en oración, aunque sientas que llevas mucho tiempo orando y todavía no ves una respuesta, no te desesperes. Dios conoce el momento oportuno y sabe cuándo y cómo responder.
Quizás las personas que están a tu alrededor no están viendo todo el esfuerzo que realizas, pero Dios sí lo ve. Él conoce las horas que dedicas, la responsabilidad con la que cumples tus tareas y las veces que has dado más de lo que otros imaginan.
«Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad». Eclesiastés 2:22-23
«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos». Gálatas 6:9
Por eso, continúa haciendo tu trabajo con excelencia y, sobre todo, hazlo para agradar a Dios. Trabaja como si Él fuera tu jefe, porque finalmente es a Él a quien servimos con nuestras acciones.
Agradece por el salario que hoy recibes, por el cargo que tienes, por las condiciones laborales actuales y por cada oportunidad que Dios te ha permitido tener. Y, al mismo tiempo, presenta delante de Él tus peticiones y cree con fe por aquello que estás esperando.
«Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís». Colosenses 3:23-24
«Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas». Proverbios 3:5-6
No te desanimes: Dios puede abrir puertas
No te desanimes si hoy sientes que no eres valorado. Dios puede poner en los ojos de otras personas aquello que tú estás haciendo y permitir que reconozcan el valor que tienes, tanto como persona como trabajador.
Tal vez tus jefes directos todavía no han reconocido tu esfuerzo, pero quizá tus compañeros sí lo han visto. Tal vez quienes están por encima de ellos también están observando tu trabajo, tu compromiso y tu manera de desempeñarte.
Por eso, ora a Dios para que encuentres favor y gracia delante de las personas que tienen influencia sobre tu vida laboral. Pídele que tus jefes directos puedan reconocer tu trabajo, que tus capacidades sean visibles y que se abran las oportunidades que sean convenientes para ti.
No se trata solamente de buscar reconocimiento humano. Se trata de confiar en que Dios puede utilizar a las personas y las circunstancias para llevarte al lugar que Él tiene preparado para ti.
La Palabra de Dios nos recuerda que el trabajo, cuando se convierte únicamente en afán y preocupación, puede llegar a robarnos la paz:
- «Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad». Eclesiastés 2:22-23
Por eso, no permitas que la preocupación por tu trabajo ocupe todo el espacio de tu corazón. Entrégale a Dios aquello que no puedes controlar y continúa haciendo tu parte con fidelidad.
- «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas». Josué 1:9
Y recuerda esta promesa:
«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos».
Gálatas 6:9
¡Dios te continúe bendiciendo!
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